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Saboreando la historia del chocolate

Se acerca del Día de San Valentín y resulta aún más difícil resistirse a este dulce

El chocolate parece ser un favorito en todo el mundo. Las festividades como el Día de las Brujas y el Día de San Valentín (también conocido como Día del Amor y la Amistad) implican un enorme incremento en el consumo de chocolate, pues los dulces ocupan un sitio primordial en esas ocasiones.

El estadounidense promedio consume anualmente de 10 a 12 libras de chocolate, mientras que los residentes en Suiza, una de las mayores productoras de chocolate del mundo, consumen la sorprendente cifra de 21 libras de chocolate al año.

Si se ingiere con moderación, el chocolate es altamente beneficioso.

Varios estudios revelan que el chocolate negro cuenta con un notable contenido de antioxidantes, responsables de defender el organismo contra las enfermedades. Por tanto, si le regalas chocolate a un familiar o amigo, le hará bien a su corazón, en el sentido físico y romántico.

Además, el chocolate se considera como un agente de mejoramiento del ánimo. Las sustancias químicas existentes en el chocolate, como la serotonina, las endorfinas y la feniletilamina, estimulan la sensación de euforia y aumentan los sentimientos de amor y romance.

Tal vez ésa sea la razón por la cual el chocolate está tan vinculado con las celebraciones del Día de San Valentín.

La dulce confitura que la mayoría disfruta y conoce hoy en día como chocolate dista mucho de lo que fuera en el pasado.

El chocolate procede de la semilla de cacao, existente en una planta tropical perenne llamada "árbol del cacao". Se supone que el mundo entero conoció el cacao con posterioridad al primer viaje de Cristóbal Colón al continente americano. Pero, a pesar de que Colón llevó muestras de semillas de cacao a Europa, el explorador Hernán Cortés desempeñó un papel vital en la creación de la fiebre comercial asociada con el chocolate.

En el proceso de colonización de México, Cortés fue testigo de cómo los aztecas utilizaban la semilla de cacao en la preparación de una bebida que se consumía en celebraciones reales.

Se dice que el emperador Moctezuma consumía 50 o más raciones diarias de chocolate, el cual se servía tradicionalmente a los huéspedes como regio regalo en copas de oro y hasta se creía que era una bebida de dioses.

Sin embargo, era extremadamente amargo y los españoles no lo disfrutaron a plenitud por esta causa. Para hacer la bebida más agradable, a Cortés se le ocurrió endulzarla con azúcar de caña.

Cuando el explorador llevó el cacao a España, la bebida se sometió a varios cambios para complacer a los peninsulares.

Eventualmente el cacao se difundió por Europa, donde se experimentó con la extracción de ingredientes de las semillas para crear diferentes productos del chocolate, como prensar las semillas para extraer la manteca de cacao, grasa que existe por naturaleza en las mismas.

Así las cosas, el chocolate se suavizó más, y su sabor fue evolucionando hasta llegar al que conocemos actualmente.

Por su parte, las barras de chocolate sólido se produjeron por primera vez en Inglaterra en el año 1847, las cuales sustituyeron a la variedad cruda y granulosa que dominaba el mercado.

Sin embargo, no fue hasta 1876 que el suizo Daniel Peter creó una forma de añadir leche en el proceso de creación del chocolate, lo cual implicó el surgimiento del chocolate con leche, el producto que tanto conocemos en nuestros días.

Milton Hershey, quien inventó su propia versión del chocolate con leche en el año 1894, desempeñó un papel primordial en la presentación del atractivo y costeable producto a la nación estadounidense.

El gigante de la industria confitera alcanzó una fama incomparable con las barras de chocolate producidas en grandes cantidades.

En 1907 se introdujo la marca Hershey’s Kisses, de Hershey, fortaleciendo aún más el vínculo entre el chocolate y el romance. Las conocidas tiras de papel que coronan esos kisses —besitos— fueron introducidas por primera vez en 1924 para distinguir a la variedad Hershey de los imitadores que hacían olas en ese tiempo.

En la actualidad, el chocolate se vende en todas las formas imaginables, desde el chocolate con leche, negro, semidulce y todos los sabores entre unos y otros. El chocolate es un postre favorito en todo el planeta. Sin duda alguna, ya sea sólido, derretido o mezclado para crear refrescos y bebidas, el chocolate seguirá siendo un favorito perenne en todas las generaciones.

El sexo del café

Va una pareja a una cafetería y da igual lo que se pida cada uno de ellos. Aunque lo hayan indicado a la inversa, el café siempre será para ella y la cerveza para él. Iré más lejos. Va esa misma pareja a la misma cafetería y los dos se piden un café, pero el solo se lo pondrán a él y el cortado a ella al margen de lo que ambos hayan solicitado. Iré más lejos aún. Si uno de los dos pide el café cortado y el otro lo pide con leche el camarero le pondrá a ella el café con leche y el cortado a él. No lo dudará, no, o -mejor dicho- si se cierne sobre él alguna mínima y remota y turbadora duda la resolverá, inmediata, rauda, automáticamente, de esa ¿sutil? manera, obedeciendo a esa misteriosa ley no escrita que dicta que 'la cafeína es cosa de hombres' y 'la leche cosa de tías'. Iré todavía mucho más lejos. Si se piden dichos cafés él con sacarina y ella con azúcar ya pueden ir resignándose a tener que hacer intercambio de sobrecitos porque también hay una secreta e infalible ley que dicta que 'el azúcar con los chicos y la sacarina con las chicas'.

En nuestra sociedad tiene sexo el café y también la leche. La leche es femenina, de lo cual hay que deducir necesaria e imperiosamente que los mililitros lácteos que distan entre un solo y un puto cortadito corresponden de modo directamente proporcional a la exacta distancia hormonal que existe entre el metabolismo de los machos humanos y de las hembras. La leche, la buena o la mala leche, es un asunto del gineceo, como los sucedáneos edulcorantes y el azúcar moreno. Porque ésa es otra posibilidad que de forma imperdonable se me olvidaba contemplar. Si el camarero tiene que elegir a cuál de ambos ha de servirle el azúcar blanco y el moreno tampoco le temblará un segundo el pulso al decidir que el primero es para el hombre y el segundo para la mujer según un mágico criterio que pretende tener que ver más con las categorías de lo fuerte y de lo débil, lo 'heavy' y lo 'light', que con lo natural o lo artificial. Digo mágico porque ese hostelero está haciendo literatura fantástica, está sexualizando la comida y la bebida.

No le culpo a él de sus íntimas relaciones sexuales con la cafetera del local en el que se gana el pan (el pan se lo pone por cierto a las mujeres si es integral o sin sal o sin gluten o sin miga). Son normas tácitas que no dependen de un bar ni de un restaurante concretos ni de un camarero al que se la ha ido la olla o se le ha cambiado de sexo. Éste sólo somatiza la realidad o irrealidad de una sociedad chalada. Aquí ya no se trata de un caso de violencia sino de 'videncia de género', de don metafórico. ¿Por qué retorcida lógica alguien llega a la conclusión de que el batido de chocolate es para el tío y el de fresa para la tía antes de darle a él las vueltas cuando ha pagado ella?

El correo digital

El Papa y el Café

Al papa Benedicto XVI le "encanta el café con leche y los dulces, dijo en una entrevista Eva Celada quien es la autora de Los secretos de la cocina vaticana, un libro que sale a la luz tras dos años de investigación, en los que la escritora ha llegado a la conclusión de que esta gastronomía es "una de las más complejas y ricas del mundo", "mucho más que de cualquier casa real". Celada sabe mucho del tema, ya que es autora también de La cocina de la Casa Real Española.
Cortesia EvaCelada